miércoles, 24 de diciembre de 2008

De vida debida


Dios:

Duele la uña encarnada:
toda encarnación desgarra.
Te hiciste carne entre nosotros
para seguir nuestras pisadas.

Eres Dios
que, dejándolo todo,
nos sigues
cuando te decimos:
“Sígueme”.

Y el Verbo se hizo ternura
y lloró con nosotros,
mamando nuestra condición humana
arrullado por la bienamada.

Aquellos magos te ofrecen dones,
los pastores se regalan perdones.
Y yo, en el camino,
nada vi para dar.
Sólo tengo mi anhelo de vida:
ella es mi ofrenda debida.
Navi-dar.
Na-vida-d.
¡Navi-dad!

Amén
se-los-unos-a-los-otros.

3 comentarios:

Cristian Arnaud dijo...

Hmmm... ¿Por qué tengo la impresión que este lo había leído antes?

P.D. Me salió la palabra "Shersha" para confirmar este mensaje. ¿Será La Navidad una Shersha? Jeje

Gusmar Sosa dijo...

Gracias por la reflexiòn! Un abrazo.

Jaaziel dijo...

Que cosa tan increíblemente bella!!
Me conmovió
Gracias