lunes, 3 de marzo de 2008

Nuestra barca


Dios:

Estás en la barca y duermes.
Se desata la tormenta y duermes.
Te empapas de agua y duermes.
Ruidos ensordecedores y duermes.
Todo se agita bruscamente…
y duermes.
¿Cómo es posible dormirte
en medio de tanto tormento?

Ya sé: estás soñando
y no quieres despertarte
porque te agrada tu sueño:
¡sueñas conmigo!

Estoy en tu pensamiento,
estás en “mi” barca.
¡Me abarcas
hasta en tus sueños!

Mi tormenta interior sólo cesará
cuando yo sea capaz
de dejarte dormir
en libertad.

Si me hundo,
te hundes…
No se trata de mí,
sino de nosotros:
“nuestra” barca.

Me basta saber que en ella estás
para volver a la paz,
compañero de tribulación,
compañero de tripulación.

Amén
se-los-unos-a-los-otros.